Mañana se cumplirán 20 años de que el ladrón Pal Enger subió con una escalera a la primera planta de la Galería Nacional de Oslo, Noruega, y en menos de un minuto descolgó un cuadro y desapareció con él. Sólo dejó una tarjeta postal en la que se leía: “muchas gracias por la mala vigilancia”.

La obra en cuestión era, nada menos, que “El grito”, el famoso cuadro del expresionista noruego Edvard Munch (1863-1944). Tres meses después, el delincuente fue capturado con la pintura en buen estado en una habitación de hotel en Aasgardstrand, al sur de la capital noruega. Desde 2011, Ender vive de lo que él mismo pinta, pero por si alguien más cae en la tentación, el cuadro se encuentra ahora tras un grueso cristal blindado.

Munch realizó dos grandes óleos y dos acuarelas con el mismo tema, pero la robada hace dos décadas era la primera versión, datada en 1893. “Era como ‘El grito’ original. Entonces había sencillamente peores medidas de seguridad que ahora”, explica el director de la galería Nils Ohlsen. La Policía estaba abocada a controlar los Juegos Olímpicos de invierno en Lillehammer. El valor de la obra es incalculable: una versión más pequeña se subastó en EEUU hace dos años por U$S 119 millones.

En más de cien años de existencia, los cuadros sobre este tema han acabado en más de una ocasión en las manos de ladrones. La más dura experiencia fue el robo hace 10 años. A plena luz del día y ante la mirada de los visitantes, tres hombres se llevaron del Museo Munch de Oslo una de las versiones grandes, que no se encontró hasta dos años después. La obra sufrió importantes daños que, según los expertos, ya no se pueden restaurar. Tres noruegos están en la cárcel.